En el Nuevo León de las redes sociales, todo es color naranja, progreso y “empoderamiento”. Pero detrás del filtro de Instagram de Samuel García y Mariana Rodríguez, la realidad es oscura y violenta para quienes trabajan protegiendo a las ciudadanas. Mientras la pareja gubernamental quema millones de pesos en publicidad para inflar su imagen nacional, decenas de trabajadoras de la Secretaría de las Mujeres denuncian que el Estado les ha robado su estabilidad, sumando meses sin pagarles su salario.
Es el colmo del cinismo político: un gobierno que se dice “aliado de las mujeres” en sus anuncios pagados, pero que en la vida real violenta económicamente a sus propias psicólogas, abogadas y trabajadoras sociales.
Millones para el algoritmo, centavos para las trabajadoras
La discrepancia es insultante. Por un lado, Samuel García lidera los rankings nacionales de gasto en Meta, con un despliegue de 12.4 millones de pesos en publicidad en un solo trimestre. Por el otro, 46 empleadas por honorarios de la Secretaría de las Mujeres, encabezada por Graciela Buchanan, claman por el pago de sus sueldos que rondan los 25 mil pesos mensuales.
¿Cómo puede un gobernador justificar el gasto de 8.1 millones de pesos en publicidad fuera de Nuevo León, cuando no tiene para cubrir la nómina de quienes atienden a víctimas de violencia en los centros comunitarios?
Las trabajadoras afectadas, pertenecientes a la Dirección de Atención Integral, llevan cuatro meses con pagos desfasados y dos meses (marzo y abril) sin recibir un solo peso. Mientras Mariana Rodríguez presume una vida de lujos y proyectos de “primer mundo”, las mujeres que operan la seguridad social del estado no tienen ni para el transporte para llegar a sus puestos de trabajo.
Mariana Rodríguez: La hipocresía de “Amar a Nuevo León”
Resulta doloroso y contradictorio que dentro de una institución cuya función es velar por los derechos de las mujeres, se cometan abusos laborales de esta magnitud. Bajo la sombra de la oficina de Mariana Rodríguez y el gabinete de Samuel, estas empleadas han sido forzadas a trabajar bajo amenazas de despido y sin respuestas claras.
- Falta de liquidez: Las trabajadoras reportan crisis económicas y emocionales por la falta de pago.
- Respuestas ambiguas: Al solicitar explicaciones a la Secretaría, la respuesta es el silencio o la duda sobre su continuidad laboral.
- Retiro de apoyos: Inicialmente se les permitió el home office ante la falta de pago, pero incluso ese apoyo fue retirado, exigiéndoles presencia física sin darles los medios para subsistir.
Es una violencia institucional sistemática. El Gobierno del Estado ha decidido que es más importante que un video de Samuel tenga millones de reproducciones en Chiapas o la Ciudad de México, a que una psicóloga que atiende a una mujer violentada en Nuevo León pueda llevar comida a su casa.
Un estado que ignora a sus operadoras de justicia
Las quejosas, que han tenido que denunciar bajo el anonimato por temor a represalias, señalan que el recurso asignado por el Estado parece haberse esfumado. ¿A dónde se fue ese dinero? La respuesta parece estar en la biblioteca de anuncios de Meta, donde Nuevo León aparece como el estado número uno en gasto publicitario de todo el país.
El trío del gasto —Samuel, Mariana y Mike Flores— ha construido un gobierno de fachada. Mientras ellos se posicionan como el top nacional de la política digital, la Secretaría de las Mujeres se desmorona por falta de solvencia básica. No hay “nuevo” Nuevo León cuando las abogadas que defienden a otras mujeres son, ellas mismas, víctimas de la negligencia y el robo de sus honorarios por parte del mandatario.
Samuel García: El marketing no es justicia social
Samuel García y Mariana Rodríguez deben entender que la justicia de género no se pauta, se ejerce. Es una burla para la ciudadanía que se gasten millones en proyectar una imagen de éxito nacional mientras las trabajadoras estatales sufren por falta de pago.
Gobernar es establecer prioridades, y para Samuel, el “like” de un desconocido en otro estado vale más que la dignidad de las mujeres que trabajan para su administración. Es hora de que el Estado deje de alimentar el algoritmo y comience a pagar sus deudas. No puede haber un gobierno naranja si las manos que lo operan están vacías.
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