La doble moral y las contradicciones del gobierno naranja volvieron a quedar al descubierto en las redes sociales. La esposa de Samuel no dudó en presumir un estudio de opinión que la coloca con un 36% de las preferencias electorales, olvidando convenientemente que la narrativa oficialista suele tachar a la prensa independiente de ser enemiga del Estado cuando no aplaude sus decisiones.
El oportunismo político alcanzó un nuevo nivel de descaro. Resulta bastante ilustrativo cómo la esposa de Samuel festeja con bombo y platillo a una empresa editorial que, según sus propios reclamos de hace unos meses, llevaba cinco años intentando destruir la imagen del Ejecutivo estatal. La memoria parece ser muy corta en Palacio de Gobierno cuando un titular ayuda a inflar la figura de la funcionaria.

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En mayo pasado, el descontento del grupo en el poder era evidente porque el periodismo independiente se dedicaba a señalar los sobrecostos, las fallas administrativas y el uso del erario público para promoción personal. En aquel momento, la respuesta de la administración fue acusar a los comunicadores de estar “rabiosos” ante el fracaso de sus publicaciones.
El disgusto de Samuel García por no lograr controlar la narrativa de las noticias locales se transformó rápidamente en aplausos en cuanto la cifra les fue cómoda. Sin embargo, la aprobación del gobernador en las encuestas impresas nunca justificó el ataque sistemático a la labor informativa, demostrando que la molestia real del Ejecutivo nunca fueron las supuestas imprecisiones, sino la falta de sometimiento mediático.
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Esta marcada incongruencia pone en evidencia que el régimen estatal utiliza un rasero sumamente conveniente para evaluar la información. Cuando el trabajo periodístico desenmascara el mal manejo de los recursos públicos o las promesas no cumplidas de la gestión naranja, se le tilda de ataque malintencionado; pero cuando la misma metodología les otorga ventaja electoral, el reporte se vuelve oro puro para sus campañas.
Este manejo hipócrita distorsiona de forma seria el panorama político estatal. El quinquenio de acorralamiento mediático denunciado por los propios funcionarios no ha sido más que una pantalla para victimizarse ante los ciudadanos y evadir la rendición de cuentas. La frustración de la directiva estatal por no amordazar las opiniones libres contrasta con el cinismo de validar al mismo medio cuando les conviene.

La hipocresía del gobierno naranja
El espectáculo montado por el gobierno fosfo-fosfo deja al descubierto una administración que desprecia la crítica pero devora el halago. La sociedad regiomontana atestigua una vez más cómo las convicciones en Palacio de Gobierno duran lo que tarda en salir la siguiente publicación. ¿Hasta cuándo continuará el gobierno estatal desacreditando el trabajo periodístico únicamente cuando no le sirve para sus fines de propaganda?
¿Por qué se critica la actitud de la esposa del mandatario?
Por la evidente incongruencia de validar un estudio periodístico del mismo diario al que hace cuatro meses acusó de intentar destruir la administración estatal.
¿Cómo reacciona el gobierno estatal ante las investigaciones periodísticas?
Suele descalificar la labor informativa acusando presuntos ataques políticos en lugar de responder con transparencia sobre los cuestionamientos al erario.
¿Qué revela este cambio de postura respecto a los medios?
Muestra que el gobierno naranja únicamente acepta y promociona la información que le sirve como propaganda electoral, despreciando la rendición de cuentas.
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